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MARSAL

MARSAL – Vinko Bresan (1999)

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Sinopsis

Una auténtica joya, esto es lo que es este fantástico cóctel cinematográfico. El comienzo no podría ser mejor: un grupo de antiguos partisanos se reúne en el cementerio de una de las innumerables islas croatas del Adriático para dar sepultura a uno de sus compañeros. Todos ellos conservan su lealtad primordial hacia Tito y hacia el proyecto político representado por este, de manera que al funeral podemos observar los símbolos del régimen yugoslavo: la estrella y la bandera rojas, además de la Internacional. Por supuesto todo a escondidas, porque en el nuevo estado croata no está bien visto el pasado comunista y fraternal de los pueblos de los Balcanes occidentales (estamos en 1998).
De repente la cámara nos enseña un corte subjetivo en el que vemos como alguien se acerca a los 4 partisanos por el camino del cementerio con un fuerte ruido de botas. El espectador es incapaz de ver el nuevo personaje que entra en escena pero los 4 partisanos sí que lo ven, y al hacerlo huyen corriendo cada uno en una dirección con el terror grabado a la cara.

Malinko, un partisano que se ha quedado estancado en el mundo de cuarenta o treinta años atrás, recalcitrante e incapaz de reconvertirse a la nueva situación llevado por su dogmatismo ideológico esencialmente materialista concluirá que a quién habían visto él y sus camaradas durante el entierro en el cementerio era al auténtico Tito: “¿Es cierto que hemos visto al mariscal Tito?”, “No, eso querría decir que existe otro mundo y entonces la Iglesia tendría razón”. Sin embargo, este hecho generará inmediatamente una oleada de peregrinaciones a la isla por parte de ancianos que quieren ver al mariscal. En un primer momento los inesperados visitantes quedarán un poco decepcionados al constatar que el lugar al qué habían llegado no era más que un pueblo como otro cualquiera. Sin embargo el alcalde, a quien también han llegado los rumores de la misteriosa aparición del mariscal al cementerio, pronto olerá el negocio y se lanzará a alimentar la mentira. En primer lugar abrirá el hotel para dar alojamiento a los pensionistas. Poco a poco el pueblo irá adquiriendo el aspecto de un parque temático del comunismo: banderas rojas, estrellas, hoces y martillos, desfiles del primero de mayo, conciertos en honor a Tito donde se cantan adaptaciones de viejas canciones, etc. Toda la comunidad será adoctrinada por el alcalde para darles a conocer el funcionamiento del régimen y la manera en que tendrán que actuar para recrear el pueblo. “¡Turismo político!”, dirá el alcalde entusiasmado que pronto empezará a hacer cálculos del dinero que podrá ganar gracias a las peregrinaciones de viejos pensionistas.

Sin embargo este proyecto se entrecruza con el de Marinko, que cree que se los engañó sobre la verdadera edad de Tito y que éste, víctima de una conspiración, fue apartado del medio y en su lugar se enterró a algún otro. De manera que reunirá un grupo de ex-partisanos para liberar al mariscal. Sin embargo pronto descubrirán que este Tito era un impostor, más bien un enfermo mental recluido en un sanatorio de la isla que creía ser el mariscal y actuaba y vestía como éste. Cuando descubren la verdad tratan de utilizar al falso Tito como el Cid, que ganó su última batalla después de muerto, y de este modo restaurar el comunismo en toda Yugoslavia.

Sin embargo el delirio se logrará en el momento en que los viejos partisanos monten un juicio popular contra los policías, los agentes y el alcalde acusados de contrarrevolución y traición: “Tenéis derecho a un abogado defensor, aunque ya sabemos que sois culpables”. He aquí una crítica a la parodia de justicia que una y otra vez escenificaron los países del bloque del este. Aquí será cuando Malinko exponga los males desatados en los últimos diez años sobre Yugoslavia: “nacionalismo, soborno, corrupción, diferencias sociales… todo por gente como ellos, los nuevos ricos”.

La película retrata maravillosamente la sociedad croata post comunista, dividiéndola en tres sectores:

En primer lugar aquellos que participaron en la liberación frente a los nazis y en la posterior construcción del Estado titista que miran con nostalgia al pasado y contemplan con escepticismo el estado actual de las cosas. Hasta aquí los idealistas, aquellos que miran con rechazo a una juventud que propició la destrucción de todo el que habían creado, de aquello por el que tantos y tantos entregaron sus vidas.

En segundo lugar los hipócritas, valga como ejemplo esta conversación al bar: “¿Y esta gran cruz?”, “La llevo siempre”, “¿Tú no eres comunista?”, “Sí, pero la llevaba debajo de la camisa “. El catolicismo ha sido siempre y será una institución plenamente relacionada con el nacionalismo croata, de hecho ambas se retro-alimentan (pocos podrán evitar las comparaciones con el caso español), pero para muchos prevaleció el pragmatismo, y a nadie se le escapa que aquellos que no manifestaban su fe religiosa en la Yugoslavia comunista tenían más facilitados a la hora de ascender y tener éxito en la vida.

Finalmente nos encontramos con la última categoría social que bien se podría solapar a la anterior: los arribistas. Durante la oleada de privatizaciones de las empresas estatales desencadenada por el final del régimen yugoslavo (al igual que pasó en todo Europa oriental durante los 90) el capitalismo más salvaje y brutal se abatió sobre la sociedad croata. El mejor ejemplo es el alcalde, un hombre con recursos y visión de futuro que supo aprovecharse de la situación, de tal manera que él pasó a sustituir al Estado como ente dominante en la comunidad convirtiéndose en un tipo de cacique. Él mismo afirma que está “construyendo el capitalismo”. De forma que los nuevos ricos no son sino aquellos que han sabido reconvertirse a la nueva situación.

Este tipo de fracturas sociales tan pronunciadas solo pueden producirse en sociedades que han sufrido cambios traumáticos y acelerados que lo transforman todo sin remedio. Croacia es un buen ejemplo y esta película, retrato de una sociedad inmersa en este proceso de cambio, deviene en una obra maestra genial.

Premios en la Berlinale, Pula, Karlovy-Bari, Brussles Fantastic Film Fest, al FantaFestival y a Santa Barbara.

MARSAL - Croacia

Tráiler